martes, 8 de diciembre de 2009

- Hoy hay que montar el árbol, ¿Lo sabes? - Dijo mi madre esbozando su sonrisa, que no había cambiado con el paso de los años
- Yo no quiero montar el árbol, está Navidad no contéis conmigo. - Su sonrisa desapareció y en mi cara se dibujo esa extraña expresión infantil gruñona.
- ¿Cómo qué no? - Me giré y olvidé que la Navidad era para pasarla en familia.
- ¡Estoy harta ya, siempre igual! Odio las cenas familiares, odio las uvas, odio el maldito discurso del Rey, pero ante todo ¡Odio la Navidad! - Mis palabras alcanzaron el corazón de mi madre, parecía que no tenía palabras. Me alejé de ella y cerré la puerta de un portazo.
Bajé escaleras abajo y salí corriendo, buscándole a él, buscando todo lo que significó un día Navidad para mí. Busqué debajo de las piedras, busqué donde no había nada, solo recuerdos.
Solo supe encontrar lugares en los que él y yo nos habíamos besado, lugares en los que mi vida cambió derrepente. Lugares que significaron el comienzo y el fin de la verdadera vida para mí.
Me encontré con el dolor de frente y parecía esbozar una sonrisa cruel y estúpida, parecía disfrutar con mi dolor, parecía... Que todo iba en mi contra.
Yo solo quiero, una Navidad juntos, ¿tanto pido? Te echo de menos, más que nunca.

2 comentarios:

  1. hola Mel, siento mucho a verte echo daño con ese comentario, mi intención no era esa.
    Sino que fueras un poquito mas feliz ,veo tus entradas y veo en algunas mucha tristeza.
    Yo creía que la navidad te iba a poner feliz,y que olvidaras todo lo malo pero veo que no, que es todo lo contrario.
    lo siento de verdad.

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